El respeto por uno mismo

Los seres humanos estamos permanentemente interactuando con los demás, y muchas veces nos encontramos en situaciones de exigencias y mandatos con los otros. Nuestra respuesta natural debería ser consistente con lo que consideramos correcto y adecuado con nosotros mismos, con los demás y de acuerdo a cada situación. Pero muchas veces, nos encontramos diciendo “si” a situaciones que en el fondo querríamos decir “no”. De esta manera, vamos desarrollando una forma de ser adaptativa, sumisa, en donde muchas veces sentimos que perdemos uno de nuestros valores más importantes: nuestra dignidad.

“Si vives con arreglo a la naturaleza, nunca serás pobre; si vives con arreglo al que dirán, nunca serás rico”.
Epicúreo

Desgraciadamente, si no nos damos cuenta de estos mecanismos en donde nos dejamos llevar por deseos y manejos por parte de los otros, nos vamos acostumbrando a percibir estas situaciones como normales: “así debe ser”, “es mejor decir que si para que haya armonía”, “tengo miedo a lo que me dirá”. Pero en realidad nada más erróneo, ya que la defensa de nuestra de identidad personal es un proceso saludable y natural, del yo que exige respeto, que no quiere doblegarse, del yo digno.

No hay que confundir a la persona dominante, que se cree dueña de la verdad, con la persona que se autoafirma y se fortalece a sí misma. Cuando hacemos frente a las injusticias, a los atropellos, a las manipulaciones, no estamos alimentado el ego, estamos reforzando nuestra seguridad personal, nuestra dignidad. Somos asertivos.

Si esto es así,¿por qué nos cuesta tanto ser coherentes con lo que pensamos y sentimos?
¿porqué decimos y pensamos lo que no queremos?
¿porqué llegamos a tolerar situaciones de agravio?

Cuando aprendemos a exigir respeto, estamos en el camino de aprender a querernos a nosotros mismos, a tener una autoestima y autoimagen valiosa, a sentirnos dignos y autoeficaces. De esta manera nos sentimos emocionalmente más libres, espontáneos y auténticos en nuestra forma de ser. Así como el frenarnos y no decir lo que pensamos y sentimos, nos va haciendo sentir, muchas veces, enojados con nosotros mismos, con los demás, poco valiosos y alejados de nuestros verdaderos valores y deseos.

¿Qué nos impide ser auténticos con nuestros deseos e inquietudes?

La mayoría de las veces que nos somos asertivos, que decimos “si” cuando queremos decir “no”, es por temor, temor a ser rechazados, a no ser queridos, a herir a los demás, a no estar haciendo lo correcto. Pero, paradójicamente, es esta actitud la que fomente la falta de autoestima y seguridad personal.

¿Qué podemos hacer para sentirnos dignos de nosotros mismos?

Un principio fundamental para la salud mental es sentirse valioso de uno mismo, aceptando quien soy, sin medir mis éxitos y fracasos como medida personal, sino que soy mucho más que ellos. Puedo ver mis errores, es más debo verlos para aceptarlos y poder cambiarlos.

Aceptarse incondicionalmente es abrir la puerta a nuestra dignidad y honestidad con nosotros mismos y con los demás.

Dentro de nuestra indagatoria personal, es importante no auto engañarnos para poder ver nuestros temores y creencias que limitan nuestro crecimiento personal. Dentro de este camino, muchas veces tenemos que retar nuestros propios temores, muchas veces más imaginarios que reales. Poner a prueba nuestras expectativas evaluando nuestras metas. Sobre todas las cosas haciendo una evaluación realista de nuestros logros, y aunque no hayamos conseguido plenamente nuestros objetivos, saber, que el logro principal es nuestra auto superación y dignidad personal.